El Gobierno planea flexibilizar convenios colectivos y rebajar aportes a sindicatos

(Por Elizabeth Peger) Prevé crear nuevas figuras laborales, como el teletrabajo o el autónomo dependiente, sancionados en Brasil. Apuesta por fortalecer acuerdos individuales o de empresa.
Con el envión de los cambios laborales en Brasil y el paréntesis legislativo que abrirá la campaña electoral durante el próximo trimestre, el Gobierno comenzó a trabajar en el diseño de la reforma laboral que alentará tras los comicios, una apuesta que se propone avanzar sobre tres ejes ambiciosos: la flexibilización de los convenios colectivos de actividad, el impulso a los contratos individuales o por empresa con la inclusión de nuevas categorías de trabajo y la reducción de costos laborales por efecto de eliminación de aportes a los sindicatos y la rebaja de algunas cargas sociales o alícuotas de ART.
Desde la administración de Mauricio Macri reconocieron que la reforma laboral sancionada la semana pasada en Brasil fue como un "meteorito" que aceleró sus planes de poner en debate posibles modificaciones en el mundo del trabajo y, en línea con los reclamos del sector empresario, advirtieron que esa realidad impone "readecuar" las regulaciones laborales locales para evitar problemas de competitividad. "Todos los actores tenemos que mirar lo que ocurre en Brasil y adaptarnos a los cambios que se vienen para contener a la mayor gente posible", argumentaron fuentes del Ejecutivo en diálogo con El Cronista.
Al respecto, en la Casa Rosada insistieron en que la discusión sobre la reforma se dará después de octubre ("el Congreso no está hoy para encarar ahora este debate", afirman), y descuentan que los cambios serán producto del acuerdo entre referentes sindicales y empresarios, además de sumar la influencia de los gobernadores con su representación parlamentaria. "Van a ser clave, porque saben que si se les cae una empresas en sus provincias para ir a Brasil no tienen forma de reemplazarla", planteó un funcionario y confió en que "la mayoría de la CGT va a acompañar" por la necesidad de recuperar el empleo.
Pese al antecedente de la reforma brasileña, en el Gobierno diferenciaron aspectos "valiosos" de la ley impulsada por la gestión de Michel Temer que podrían replicarse en la Argentina, de otros que definieron como medidas "pour la gallery", como el caso del establecimiento de la jornada laboral de 12 horas con 36 de descanso que ya existe en algunas actividades de la industria local.
En cambio, la apuesta oficial contempla la intención de reproducir de la flamante legislación brasileña la idea de fortalecer los contratos individuales o por empresa por sobre los convenios colectivos de actividad para la negociación de condiciones de trabajo.
Ese esquema, además, supondría la regulación de nuevas categorías laborales, como la figura del trabajador autónomo o monotributista dependiente y exclusivo, que puede prestar servicios para un único empleador sin un vínculo laboral permanente o la figura del "teletrabajo" con la imposibilidad del cobro de horas extras. "Hay una preocupación por facilitar el acceso de los jóvenes al mercado de trabajo y atender a complejidad de la composición laboral donde aparecen trabajadores de servicios que son proveedores de servicios en sí mismo, como el caso de los choferes de Uber", ejemplificaron las fuentes.
En paralelo, también se alentaría la revisión de los convenios colectivos de actividad para "adaptarlos a la realidad actual del empleo" y de esa forma resolver dificultades como el ausentismo, la multifuncionalidad (revisando categorías blindadas) o las necesidades de nuevos procesos productivos.
A su vez, en el afán de reducir costos laborales, en el Ejecutivo proyectan la aliminación de algunos aportes "específicos" a sindicatos y cámaras empresarias que se fijan en los acuerdos paritarios, rebajar las alícuotas que cobran las aseguradoras del sistema de riesgos del trabajo y disponer un recorte de las cargas sociales sobre los salarios de base de diferentes actividades. También se suma a ello la iniciativa de revisar el sistema de salud (fundamentalmente obras sociales sindicales) para "mejorar la calidad" e incrementar el apoyo fiscal para alentar la contratación de nuevos trabajadores.
El objetivo del Gobierno es que esas propuesta de cambios más de fondo se incorporen al paquete de iniciativas que ya discute con sectores empresarios y gremiales, y que contempla un amplio blanqueo laboral y la creación de una agencia tripartita destinada implementar nuevos programas de pasantías laborales y de capacitación.

Energía renovables Bioenergía: Gobierno, cámaras empresarias y sindicatos firmaron un acuerdo sectorial

El convenio busca mejorar la integración local de partes y piezas para la construcción de plantas de biogás y biomasa. Así, reafirma la importancia que le da al campo dentro de la futura matriz energética. 



Para el campo, esto es un gran paso ya que las piezas para las plantas de biogás o biomasa son importadas. Su fabricación a nivel nacional abarataría bastante los costos constructivos.


Durante la firma de este convenio, el Gobierno repitió la idea de que Argentina cuenta con una plan creciente de integración de fuentes renovables en su matriz eléctrica y prevé una participación de energías renovables que va desde el 8% a fines del 2017 hasta el 20% en 2025.


Para cumplir con este objetivo, el país requiere inversiones por U$S 15.000 millones durante los próximos 8 años para la construcción y puesta en marcha de proyectos de generación de energía eólica, solar, plantas de biomasa, biogás y Pequeños Aprovechamientos Hidroeléctricos.


De esta forma, se avanza con medidas concretas como ésta, las cuales buscan favorecer a la actividad de las firmas locales y la radicación de inversiones productivas.


Este es el séptimo acuerdo, tras los alcanzados en otros sectores como Vaca Muerta, automotriz, textil y calzado, construcción, motos y biotecnología.


Fuente: https://www.clarin.com/rural/bioenergia-gobierno-camaras-empresarias-sindicatos-firmaron-acuerdo-sectorial_0_ByXoPMWCW.html

China intensifica la compra de campos y Argentina es su país preferido

24 de febrero de 2018 - 18:02
La numerosa población, la escasez de tierras arables y el cambio de dieta suscitado por el desarrollo económico empujan a China a intensificar la compra. Los asiáticos compran tierras de nuestro país, Chile y Brasil

La numerosa población, la escasez de tierras arables y el cambio de dieta suscitado por el desarrollo económico empujan a China a intensificar la compra de tierras agrícolas en el extranjero.
China concentra una quinta parte de la población mundial pero solamente el 10% de las tierras arables disponibles en el mundo. La contaminación endémica, el exceso de fertilizantes químicos, la urbanización y el cambio climático tienden a disminuir la superficie agrícola y su productividad.
El desarrollo del poder adquisitivo estimula por otra parte el consumo de carne, un cambio de dieta que obliga a aumentar las importaciones de soja y de maíz para alimentar el ganado.
Al mismo tiempo, los escándalos sanitarios que afectaron recientemente la industria alimentaria china (arroz contaminado con cadmio, leche con melamina...) reforzaron el interés por los alimentos importados.
Todo eso llevó a un espectacular aumento de las inversiones agrícolas de China en el extranjero, que desde 2010 totalizan 94.000 millones de dólares, según los organismos estadounidenses Heritage Foundation y American Enterprise Institute.
China pone el punto de mira a varios países del sudeste asiático, África y América Latina, según Land Matrix, una base de datos independiente de un grupo de investigadores. Argentina, Chile, Brasil, Mozambique, Nigeria, Zimbabue, Camboya y Laos entre otros países, registran la llegada de inversiones chinas, ya sean estatales o privadas, en campos de cereales, de soja, cultivos de frutas o haciendas de ganado.
Desde 2012, investigadores recopilaron proyectos chinos por un total de nueve millones de hectáreas en países en desarrollo. El grupo inmobiliario Shanghai CRED, asociado con un grupo minero, compró en 2016 en Australia el rancho más grande del mundo, S. Kidman & Co, dueño de 185.000 cabezas de ganado y del 2,5% de las tierras agrícolas del país.
En 2012, el grupo chino Shandong Ruyi había comprado la plantación de algodón más grande de Australia. Por su parte, los gigantes agroalimentarios Bright Food, Yili y Pengxin compraron decenas de fábricas de leche en Nueva Zelanda, provocando malestar entre los agricultores locales.
En Estados Unidos, el chino Shuanghui compró el fabricante de salchichas Smithfield Foods, un paso para poder acceder a las tierras ganaderas estadounidenses.
En Francia los multimillonarios chinos multiplican las compras de viñedos y hace poco las autoridades descubrieron que inversores chinos habían adquirido 1.700 hectáreas de tierras cerealistas en el centro del país a través de un montaje jurídico que permitió evitar el control de la administración.
El conglomerado chino Reward Group confirmó en febrero a la AFP que había comprado “alrededor de 3.000 hectáreas” de tierras en Francia para cultivar trigo biológico. Ese mismo conglomerado va a instalar una cadena de panaderías en Francia.
Esa intensificación de las inversiones chinas en la agricultura francesa, que tiene lugar en un momento de descontento de los agricultores, suscitó una reacción del presidente francés que este jueves anunció una nueva reglamentación sobre las compras de tierras agrícolas por extranjeros.