Estamos mal, pero ¿vamos bien?

Tomás Bulat, Economista

CRONISTA.COM


 Es evidente, a esta altura de los acontecimientos, que los datos muestran un mal semestre en términos económicos para el país. Hoy surgen expectativas, oficiales y no tanto, de que lo peor ya pasó y que la recuperación económica comienza en este semestre. Esto se basa en los datos alentadores del exterior, como es una soja a más de u$s 600 por tonelada, o el trigo y el maíz superando los u$s 300 la tonelada y en la lenta pero sistemática recuperación que muestra Brasil. La situación descripta, junto al progresivo levantamiento que Argentina haría de las restricciones a las importaciones, llevarían a la economía local a un segundo semestre de recuperación y, en el 2013 –pleno año electoral– crecería definitiva e indefectiblemente. Hay quienes creen ver un escenario semejante al vivido con la recesión del 2009 y la fuerte recuperación ocurrida en el 2010. No es lo mismo Esta recesión no es similar a a la anterior y hoy Argentina tiene problemas estructurales que antes no tenía. Al analizar los números de la economía, surgen datos no muy alentadores. Repasemos lo que ocurre desde el punto de vista de la actividad económica y desde el punto de vista fiscal. Actividad económica Los sectores de la economía que han sido más dinámicos en los últimos años fueron varios. n Sector construcción: Los datos son preocupantes, no porque la construcción se haya detenido, eso no pasa nunca abruptamente, sino porque la cantidad de proyectos nuevos a encarar sufrió una fuerte disminución junto con la venta de bienes inmuebles usados. Siempre las crisis en la construcción tienen sus tiempos. Lo peor que le puede pasar a un constructor es no terminar una obra ya iniciada. Como los costos son en pesos, terminarla no es difícil si se pesifica. El problema surge cuando se van terminando y no aparecen obras nuevas, situación que se puede observar, aunque no de manera abrupta, en la cantidad de personal de la Uocra que registra una caída. Esta situación hace que durante el segundo semestre el sector pierda dinamismo. Por más eficiencia que se le quiera dar al plan Procrear, se tardará bastante tiempo en su implementación como para compensar la caída en el sector privado. n Sector automotriz: Los datos de producción continúan negativos interanualmente, aunque menores que las abruptas caídas de mayo y junio. Además, la demanda interna comenzó a enfriarse en julio. Por lo tanto, es esperable que el sector automotriz –Brasil mediante– tenga un mejor segundo semestre. También deben evaluarse los impactos de la caída de los convenios con México, entre otras cosas. Lo importante es que, cuanto mayor recuperación del sector, mayor es el déficit externo, contradicción vigente con el modelo adoptado. n Bienes de capital: El otro sector que está golpeado por la coyuntura corresponde a los bienes de capital. No solo los bienes importados han caído cerca de un 40%, sino que la venta de camiones o cosechadoras de origen nacional han registrado caídas de entre el 20 y 40%, pese a los estímulos financieros que existen hoy para que puedan ser adquiridos. n Turismo: Se trata de uno de los sectores privados que está sufriendo fuertes complicaciones. La disminución de la cantidad de visitantes extranjeros, tanto por razones de negocios como por turismo, se debe fundamentalmente a los altos costos de la Argentina. Las trabas cambiarias tampoco ayudan al sector, que ya viene con una sobreoferta hotelera originada en los años de alto crecimiento y que se ha estancado en estos meses. n Sector agrícola pampeano: Aquí es nuevamente donde se asientan las principales expectativas de la reactivación, ya que con los actuales precios internacionales y con un año que sería bueno en lluvias, llevaría a que la siembra de la cosecha gruesa a partir de octubre le otorgue un importante impulso al sector. n Sector agrícola del interior: Sin embarco, es acá donde pareciera no haber ningún cambio relevante en el horizonte, dado que los precios siguen perdiendo competitividad y márgenes de rentabilidad, poniendo en peligro varias de estas industrias que necesitan de un desahogo cambiario a la brevedad. Situación fiscal La recaudación de julio, si bien presenta un aumento del 28% en relación al año anterior, muestra que el IVA DGI creció tan solo el 19%, el registro más bajo en el año, marcando una desaceleración del consumo interno y complicando a las provincias dado que la coparticipación creció solamente el 23%. Los números de la coparticipación obligan hoy a las provincias a incrementar la presión tributaria en todos los sectores. Tal es el caso de la propuesta de subir los impuestos a los pooles de siembra o a los countries en la Provincia de Buenos Aires o la reforma tributaria en Santa Fe. Dadas las condiciones actuales, la única forma posible de mejorar la recaudación tributaria es con un incremento de la inflación. La inflación será el dato a seguir atentamente los próximos meses, ya que la emisión monetaria continua por arriba del 33% anual. Esta licuación de los gastos estatales vía inflación parece, hoy por hoy, la única estrategia visiblemente elegida. El empleo: la base del modelo Como acertadamente lo dijera el ministro Tomada, ya no hay generación de empleo privado y la del sector público se ha desacelerado. Todavía no es a gran escala, pero definitivamente es el dato a no descuidar. Las perspectivas de empleo no son alentadoras, aún programas como el Procrear no tienen capacidad de creación de empleo en el corto plazo. Si el empleo continúa sin recuperarse es difícil pensar que el consumo interno vuelva a tener vigor, por más desestímulo al ahorro que se pretenda hacer. Cómo sigue Einstein decía que es difícil esperar resultados distintos si uno hace siempre lo mismo. Para la política económica se aplica el mismo criterio. Desde que el gobierno ha implementado todo tipo de controles, la economía se ha frenado de manera abrupta y parece difícil que con estas condiciones vuelva a recuperar el vigor. Podrá tener más oxígeno, pero mientras continúen (y se incrementen) los controles, el tipo de cambio no recobre su competitividad y la inflación (más allá de quién la mida) siga siendo de las más elevadas del mundo, la economía actual continuará acosada por los problemas estructurales que nadie parece capaz de enfrentar.