"Es posible vivir mucho mejor con mucho menos"


Serge Latouche. Economista y filósofo francés. Ferrán Bono.

04/11/2012 00:01 | Ferrán Bono (Especial para El País, de Madrid)

Disculpe, ¿usted predica con el ejemplo? Serge Latouche esboza apenas una leve y paciente sonrisa. Parece acostumbrado a responder a este tipo de preguntas, tal vez un tanto pueriles, pero siempre tentadoras.
Este economista francés de 72 años, no en vano, es un conocido defensor de la agricultura ecológica, del consumo de productos biológicos y, en general, de cambiar nuestros hábitos para acabar con un sistema “absurdo e injusto”, en el que se tira a la basura “el 40 por ciento de lo que se ofrece en un supermercado”.
Latouche contesta que no se trata “de un dogma”; que si va a un restaurante y no hay vino ecológico, por ejemplo, no tiene ningún problema en pedir otro vino. “Siempre que sea bueno, claro”, acota.
“Tampoco hay que ser muy dogmático”, insiste quien es considerado uno de los principales ideólogos del decrecimiento, un término provocador que propone autolimitar el consumo y la explotación medioambiental; en definitiva, acompasar el gasto de los recursos a su regeneración.
Volver a la naturaleza. El economista sostiene que el cambio empieza por uno mismo y actúa apoyando iniciativas alternativas. “En Francia, hay una red de más de 400 biocooperativas, pero en París no es fácil acceder a una de ellas, como en otras provincias; por eso voy a mercados locales y pequeñas tiendas”, explica el autor de ¿Hacia dónde va el mundo? , junto con Susan George, entre otros.
Latouche aboga por reducir los horarios laborales y compartir el trabajo. “Además, podríamos crear muchos puestos de trabajo y comer mucho mejor, y más sano, cultivando productos locales, transformando la agroindustria”, apunta.
¿Volver al campo? “Volver a la naturaleza. Eso no significa vivir como nuestros ancestros. Tengo amigos que se han marchado al campo y están conectados con la computadora. No tienes por qué renunciar a todo. Pero no es razonable que sólo el tres por ciento de la población viva de la tierra en los países occidentales. No tiene sentido que los yogures que llegan a nuestra heladera hayan recorrido nueve mil kilómetros. Hay que relocalizar en vez de externalizar”, dice este profesor emérito de Economía de la Universidad París-Sud y premio europeo Amalfi de Sociología y Ciencias Sociales.
Menos es más. “Es posible vivir mucho mejor con mucho menos”, afirma.
“Uno de los principales problemas de nuestro modelo económico son los desperdicios, cosas que no necesitamos. Como decía, el propio supermercado tira el 20 por ciento de la comida, y el otro 20 por ciento lo hace la gente en su casa. La fecha de caducidad es uno de los motores de la sociedad moderna. Todo está programado para que dure poco y así volver a comprar más y más”, añade.
“Alérgico a la publicidad”, Latouche la demoniza como uno de los brazos ejecutores de la sociedad de consumo, de la economía “del crecer y crecer” que ha desembocado en la actual y brutal crisis, la cual, a su entender, empezó a gestarse en la década de 1970.
“La publicidad frustra a la gente, la convierte en insatisfecha y la empuja a desear lo que no tiene. Es decir, a crearle más necesidades”, comenta este economista de maneras zen, abogado de la sobriedad y de la frugalidad frente a la opulencia y la acumulación.

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